ACTUALIDAD  15 de marzo de 2017

¿Se elegirán dos nombres o dos modelos de provincia?

Sería propicio que los diferentes frentes, que participarán, ofertando candidatos a gobernador, en verdad los dos que gobiernan, la provincia como municipios populosos y que polarizarán, con sus respectivos ejércitos de asesores y equipos técnicos se comprometan a llevar a cabo un debate político y público, en donde se esgriman las principales propuestas o modelos de provincia, que tienen en carpeta. Esto además alumbrara una luz en un cono de sombras, donde podría ingresar la campaña electoral, en un cruce sin igual de “carpetazos” de operaciones y filtraciones de prensa, en donde perdamos todos los que vivimos dentro del actual sistema social y político. No son tiempos para blandir, liviana y sardónicamente, dedos acusadores que pretendan que tal señalamiento se hace en nombre de estar en orden y en regla, ni mucho menos para entrar en infantiles juegos para saber quién es más o menos responsables de determinados procederes sospechados. Se apela a la grandeza de los hombres de la institucionalidad correntina.

Es decir la línea electoral debe estar trazada para que se sepa que implementarán como acción de gobierno, dado que en los discursos realizados de las respectivas aperturas de sesiones, tal como correspondía, se repasaron logros y acciones y cuestiones puntuales de lo que queda del año, pero nada como una propuesta integral o plataforma política más allá de las declaraciones mediáticas y de los pasos de cada gestión en los últimos años.

 

Claro que la iniciativa, jamás llegará a buen puerto. Sucede que la clase política, o los popes dirigentes, tienen una lógica de entender el poder, que dista mucho de, ser proclive al diálogo y por ende distante, de ser afecta a los principios republicanos y respetuosos de las normas vigentes. Esta afirmación, no está fundada, en una ocurrencia trasnochada, de quién suscribe, o por el artero arte de lanzar acusaciones sin sustento o sostenidas en comentarios de pasillo.

 

La confusión que embarga a los responsables, tiene su correlato, en la falsa creencia de que han llegado a un espacio de representación, mediante votos propios o votos cautivos, que supuestamente ostentan, como un bien material. Al ejercer las funciones, con semejante noción equívoca (o patológica) del verdadero sentido de la democracia, nada tienen que aclarar a nadie, y mucho menos cumplir algo escrito, que tranquilamente lo pueden borrar con el codo, dado que en ellos está concentrado el manejo del “lápiz institucional” o ni más ni menos, que los hilos mismos, de una democracia, en la que no creen en sus detalles, pero si utilizan en su generalidad.

 

Claro que la costumbre, establece precedentes y forma usos que luego se pueden traducir en normas. Uno en estas tierras litoraleñas, ya está habituado, que la cosa pública, marche entre los despachos de cinco o seis dirigentes, que definen a gusto y placer, independientemente de lo manifestado por la constitución o las leyes.

 

Por tanto, la tradición, (la nuestra de años y años de incumplimiento con las disposiciones legales) permite vislumbrar un panorama, en donde la campaña electoral, o el tiempo para que los candidatos seduzcan al votante, estará teñida de ese tono monocorde y aburrido, de largos monólogos, abotagados de frases hechas, que repiten y repetirán hasta el hartazgo los protagonistas de la elección.

 

Este conjunto de palabras, termina resultando una sencilla expresión de deseo, para que, por arte, de una magnánima intervención divina o por interposición de algún trabajo realizado por algún pai umbanda o de cualquier otro credo religioso o prácticas chamánicas, la clase política, deseche su vínculo férreo con las proximidades de la ilegalidad o de los vacíos legales, y empiece a transitar por un sendero más relacionado con las principios republicanos.

 

Claro, que establecer o promocionar los cambios, desde un paradigma de cambio cultural profundo, requeriría de un compromiso más hondo y peculiar, lo cual desde un humilde parecer, resulta al menos, una aventura utópica.        

 

Muy pocos ciudadanos, serían capaces, o tendrían la valentía de solicitar, con dignidad cívica, a los diferentes candidatos, que cumplan en forma irrestricta las leyes o que forjen un compromiso entre todos para generar un debate de ideas, mediante cartas, correos electrónicos o el medio que fuere. Sucede que en nuestra provincia, aún reina el temor reverencial, y la característica de pueblo respetuoso y manso, termina transformándose en la piedra basal, de un sistema dominante, digno de estancias o de épocas feudales.

 

De todas maneras, buscando el lado positivo de la cuestión, quizá logremos algún hito que permanezca en los anales de la civilización. Podríamos ser la primera sociedad que venza, aquellos principios, históricos e inalterables, “de que no hay mal que dure cien años” o “que no existe ningún pueblo que se suicide.

 

Finalmente nada les costaría, a los hombres visibles de cada uno de los frentes, que contraten a las personas indicadas, para al menos, poner en letras, palabras y páginas, un compendio de ideas que diga a las claras, en forma explícita el modelo de provincia de cada uno, tampoco el debatir públicamente cuando el tiempo electoral lo determine, si en verdad dicen querer la mejora para el pueblo, es el camino unívoco para realizar en tiempos electorales, el enfrentarse con ideas, altura, aplomo y públicamente por ideas, modelos y proyectos y que el pueblo decida.

 

De lo contrario, sí es que avanzamos por el sinuoso camino de la chicana, de la inquina y la provocación permanente, para ver quién está mas sucio, no cabrá más que hacerse la siguiente y antipática pregunta, en relación a los sucesos por todos conocidos que han conmocionado a la política local y nacional.

¿El problema es Itatí o la lógica del que “La gente tiene los gobernantes que se le parecen”?

No se trata de un error de tipeo o de redacción. La frase no está mal escrita, no debería decir “El Problema de Itatí o el Problema en Itatí”. Parados en la perspectiva de que “cada pueblo tiene el gobierno que se merece” José de Maistre (1753-1821), atribuida erróneamente a Maquiavelo, ha sido perfeccionada por André Malraux, con la frase que usamos como título.  A nadie se le hubiera ocurrido que pudiera suceder una pueblada para denunciar la narco-comunidad en la que estaban subyugados, pero ¿ni siquiera hubo una marcha de silencio?, un cura en solitario parece ser la única voz, allá tiempo y hace lejos que dijo algo, en la basílica impetuosa, que habría que preguntarse qué sentido tiene, pues el simbólico quedó diluido en donde siquiera se guardaron las formas o la hipocresía de la decencia por la grandiosidad del templo.

No sería bueno que arribemos a preguntarnos esto mismo, no estamos preparados para asimilar la respuesta a este interrogante. La prueba es que nos agarramos siempre con el mensajero, con quién interroga, mientras los narcos y los políticos (¿no son lo mismo? Habrá que demostrarlo…) hacen de las suyas, y nadie, o muy pocos, mientras cobren su parte, liben de su celda, se mostrarán contrarios a esto o insatisfechos, por más que vendamos ilusiones electorales, cigarrillos que no pagan impuestos o marihuana para el porro. 

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