ACTUALIDAD  15 de marzo de 2017

Repulsión social, una línea de tiempo.

No hay país democrático si no hay una cultura democrática, es decir, si su gente no es democrática.

 

El pasado argentino, el reciente, puede explicarse de infinitas maneras, el proceso socio-económico del país tuvo su fisura en la crisis del año 2001 con los famosos cacerolazos, los días 19 y 20 de diciembre, la renuncia del entonces presidente Fernando De la Rúa acompañado de la represión brutal que dejara un tendal de muertos y heridos. Para llegar a esa trágica situación del comienzo del nuevo siglo algo debió ocurrir antes.

El 27 de febrero 1989, Venezuela será epicentro de un estallido social a que los medios masivos de comunicación bautizaron el Caracazo, el entonces presidente del país latinoamericano Carlos Andrés Pérez, ordena a las fuerzas Armadas salir a las calles a sofocar las protestas, las inmediaciones de la capital venezolana fueron tomadas por el pueblo en reprobación de las políticas económicas llevadas por la administración central hasta que el ejército, prácticamente, aniquilo a la población civil como si se tratara de un enfrentamiento bélico con un resultado de cientos de muertos. El Caracazo de 1989 sellaría el futuro no muy lejano de Venezuela, con el desembarco de los militares al poder del país, primero, con los intentos de golpe de Estado al mando de Hugo Chávez Frías y luego, la victoria electoral de Hugo Chávez que trasformaría a Venezuela en un gueto de violencia y pobreza extrema.

En el viejo continente la realidad no se presentaba distinta a la América Latina pobre, olvidada, el 10 de noviembre de 1989, el mundo seria testigo de un hecho histórico que forjaría los nuevos senderos socio-políticos de Europa, el Muro de Berlín era derribado finalmente por miles de ciudadanos a puro martillazo y Alemania, re-comenzaba su historia tras 28 años de división ideológica.

Asia, no sería la excepción a la regla, el 15 de abril de 1989 daría inicio una de las protestas sociales más recordadas por la humanidad, con la imagen que recorriera el mundo de un estudiante chino poniéndose delante de un tanque de guerra para no dejarlo avanzar, China bajo la mirada del mundo con la masacre de.la Plaza de Tiananmén seria noticia por mucho tiempo.

Argentina no quedaría atrás, como si fuera un efecto domino, entre mayo y julio de 1989 los saqueos y la protesta social se hicieron presentes en el país, por ese entonces llegaba a la presidencia de la nación Carlos Saúl Menem, quien aseguraba que con se alcanzaría el salariazo y revolución productiva, cosa que nunca sucedió, al contrario, los dos mandatos consecutivos de Carlos Menem que curiosamente nunca perdió una elección presidencial fue el caldo de cultivo para la repulsión social del la crisis del 2001.

Desde el año 2003 hasta el año 2015 los mismos socios políticos e ideológicos de Carlos Menem llegan a la administración del país durando 12 años, los índices socio-económicas del país no cambiaron, manteniéndose la pobreza como parte del paisaje, dedicaron los preciados años en administrarla y no combatirla mientras los precios internacionales en commodities brindaban una ventaja jamás vista. Sin contar con la banda de saqueadores que desembarcaron en la administración nacional & popular llevándose inclusive un tendal de muertos.

El hartazgo no es hacia la política, es sobre los partidos políticos que se fundan sobre estructuras parasitarias, que dividen lo que naturalmente siempre estuvo unido, la democracia no se construye con partidos políticos sino, con una comunidad política. La extinción de los partidos políticos es el nacimiento democrático y la democracia ha de ser comunitaria o no lo es.

 

Por Carlos A. Coria Garcia.

 

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