ANÁLISIS  25 de octubre de 2016

#MiércolesNegro (Para Ricardo)

Se inicia el pago de empleados públicos, el escalón más bajo empezará a cobrar para escaparle a la pobreza, esa que en la década ganada era igual que en Alemania y que meses después, parece haberse multiplicado, por gobernadores Alemanes antes de la segunda guerra mundial. “Y nosotros apenas sobreviviendo” como diría la canción, esa a la que Heredia le pone su épica y mítica voz. Sin embargo en el círculo rojo, ni más ni menos que los tipos que cobran cinco cifras al mes (los días de pago tendrían que estar divididos por ceros a cobrar, el croterio que raspa los 3, los siervos más acomodados que llegan a 4 y los dueños de la comarca que cosifican las matemáticas y se extasían en una orgía de billetes y de efluentes de tinta) nos quieren hacer creer, convenciéndonos, cuando no, casi siempre mediante la repartija a dosis homeopáticas de billetes, cual migajas que caen al empecinado en la gula, que esto de la reforma constitucional, por sí o por no, tiene algo que ver con el pueblo, con la correntinidad, con nuestro día a día y que de acuerdo a lo que resulte, habrá un claro ganador, a quién le deberíamos agradecer, por anticipado, ungiéndolo un año antes, de que nos obliguen a votar, como nuestro, gobernante o en verdad mandamás.

Va  a ser muy fácil para el que cobra el viernes, leer en su poltrona, seguramente pública u obtenida merced al erario de todos, que las presentes líneas, augurando un Miércoles Negro, estén teñidas de una subjetividad negativa o no positiva. Es fácil esa posición Zen de que no te importe, supuestamente lo material, habiéndote aburrido de vivir entre excesos y derroches. Es Bíblico, es la parábola del hijo Pródigo, es la historia de San Francisco de Asís. Entonces como no entenderlos, casi compasivamente, cuando hasta con cierto horror, quieren darte clases de buenas ondas y energías positivas. El problema es que trabajar sobre esto es lo importante, pero se nos adviene lo urgente, lo que puede que explote, que implosione, más temprano que tarde, un miércoles cualquiera, que devenga en un posible miércoles negro.

Negro, en la caracterización racista, como si fuese poco, del significante cromático que vincula tal color como lo negativo (¿Por qué los Zen y los que nos quieren dar clases de positividad no se encargan de sacarle la connotación negativa a lo negro, antes que intentar garantizar sus prerrogativas bajo las sacrosantas mantas de seres angelados o habitando nirvanas?) dado que ni el gobierno conseguirá los números de la reforma constitucional (y en el caso de que lo consiga será una victoria Pírrica, o aún peor, carente de legitimidad, tal como cuando escapo el elector radical Bruzzo, presumiblemente con millones de dólares) ni tampoco, la oposición podrá creer que ha prevalecido en la elección o ha derrotado finalmente al actual gobernador que los viene sometiendo y vejando, sin hesitar, desde hace casi dos décadas. Mucho menos, la mayoría opositora peronista, podrá estar victoriosa de algo, cuando el peronismo conquisto Europa, Roma mediante el Papa Francisco, pero no  puede llegar desde el `73 a la gobernación de la provincia marginal de Corrientes.

Suceda lo que aconteciera, será sin duda un miércoles negro, dado que los que nos dedicamos a comunicar, mal que nos pese, debemos ocuparnos de un tema, que sabemos que no interesa, ni menos aún benéficia a nadie, ni institucional, ni política, ni social, ni económicamente a casi nadie, para ser exactos. Será sin duda unos de los miércoles más negros, porque en caso de que suceda, el cisne negro (otra vez la connotación negativa del color de piel de los esclavos en nuestro lenguaje, como las cuatro avenidas mentales que encierran la mente de miles de correntinos) el elemento, inesperado y disruptivo, será, hasta en tal caso, un día para guardar luto.

Dado que sí eso inesperado y disruptivo sucede, deberá suceder con la magnitud tal, para que alguien le ponga el cuerpo, para que una marcha de la bronca (sí como la de la canción de Pedro  y Pablo) se transforme en una marcha transformadora. Para que un día vivido como león, subsuman los miles de días que se viven como hormigas. Para que en un solo acto, heroico como suicida, un mártir, convencido o de ocasión, nos enrostre la ineluctabilidad teórica de que la violencia es la última ratio, mal que nos pese y por más que nos atemorice creerlo. Una muerte casi sacrificial, ritual, como las anteliduvianas y preformadoras , referencias arcaicas de nuestro inconsciente colectivo, puede ser la tercera opción de un miércoles que suceda lo que suceda, quedará en los anales de nuestra historia vernácula, como una jornada negra para el entendimiento social y político.

Consignase que la cultura del consumo impuso el “Black Friday” como día de compras rebajado, por lo general, los crotos que cobran en el primer tramo, se amuchan en las peatonales de ciudades que dicen hacer estos descuentos, logrando, para consumir, transformar lo negro en positivo. Un viernes negro, para comprar está bien. Un miércoles negro, en donde se puede derrumbar el breve vinculo de creíble institucionalidad, con la posibilidad de daños concretos y específicos, sin embargo, seguramente será tomado, como azuzador y cuando no amenazante, por los responsables de siempre, lo que quieren manejar a fuerza de su ignorancia, cuando conviene pensar en positivo, en negativo, en blanco, en negro o en verde.  

“Los investigadores han sostenido que los sacrificios humanos permitirían legitimar las diferencias de poder basadas en las clases sociales. No habría contestación por parte del resto de la sociedad porque la decisión de las élites de eliminar una vida tendría su justificación en el mundo sobrenatural, vendría impuesta por la autoridad divina. Recordemos que la estratificación social ha sido una de las primeras formas de dirección institucionalizada que surge en los diferentes grupos humanos, dando lugar a los reinos, las monarquías y los estados políticos modernos…Esta investigación indica además que mientras que la desigualdad social puede fomentar la toma de decisiones colectivas y la eficiencia, las jerarquías de poder se vuelven inestables cuando carecen de un estatus sancionador…Y si bien hay muchos factores que pueden servir para crear y mantener una estratificación social, los sacrificios humanos son un medio particularmente eficaz de control social porque minimiza las posibles represalias por la muerte de la víctima: recordemos que el propio ritual lleva a la sociedad al convencimiento de que la responsabilidad última de lo sucedido debe atribuirse al mundo sobrenatural…Por desagradable que pueda parecer, los sacrificios humanos fueron una fuerza motriz que predispuso a las sociedades para aceptar la existencia de clases, para admitir una fuerte estratificación social. La práctica de este ritual ayudó a los seres humanos en la transición de los pequeños grupos igualitarios de nuestros antepasados, a las grandes sociedades estratificadas en las que vivimos hoy en día. (“El sacrificio humano como forma de control social”. Por José Luis Moreno Garvayo.)

 

 

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