ACTUALIDAD  26 de septiembre de 2016

La dulce ayahuasca o del charlatanismo electoral.

Cuando estés negociando, busca quién es el tonto en el trato. Si no encuentras uno, es porque el tonto vas a ser tú. Mark Cuban

 

 

La campaña electoral abrió sus puertas, pasen y vean. El presidente Mauricio Macri ya está en campaña, necesita a toda costa y en cualquier costa legitimar su triunfo presidencial y espantar los fantasmas de que fue una victoria azarosa o de puro tarro como se dice en el barrio, a raíz de la decadencia caco-kirchnerista con doctorado en el saqueo del erario público como mejor aliado en las presidenciales para el macrismo, debe ganar las elecciones legislativas del año próximo para posicionarse y culminar los dos años restantes al frente del ejecutivo y quién sabe si no aspira a un segundo mandato, pero eso ya seria magismo político o predicciones astrológicas y chamanicas como hacen los encuestadores que no pegan una, o al mejor estilo de Navarro y C5N ¡Gano Aníbal Fernández en la Provincia de Buenos Aires! Del ridículo no se regresa.

Así las cosas, el PRO va por la modificación de la ley que regula el financiamiento de los partidos políticos, quieren evitar a toda batiente que se convierta en un lavadero automatizado de dinero enterrado o guardado en dragones, bóvedas, cajas fuertes, cavas, féretros, etc., y no hay mejor oportunidad que las elecciones legislativas del año que viene. La cuestión semántica es atractiva, por ese camino se puede entender el curro de la “política”, fíjese usted que la ley 26.571 fue bautizada con el titulo de  Democratización de la Representación Política, la Transparencia y la Equidad Electoral, que modificó el régimen de financiamiento de las campañas electorales y reguló la publicidad. ¿Hace falta aclarar que la representación política debe ser democrática? ¿Y si la ley dice “democratización” eso quiere decir que antes de la sanción de la ley la representación política era una tiranía? Los partidos políticos no deberían tener un régimen normativo especial, basta y sobra que se acojan al nuevo código comercial unificado, pues, su actividad principal, excluyente y exclusiva es el tráfico comercial.

En las campañas electorales comienza a toda máquina el charlatanismo, ese muy parecido tipificado en el código penal que se lo encuentra en el artículo 208, inciso 2, la mentira ocupa el lugar de privilegio, -recuérdese que en un spot publicitario Macri aseguraba que en su futuro gobierno dejaría de existir el impuesto a las ganancias para los asalariados-, y se anda por el país o el interior profundo de las provincias llevando el mensaje de salvación, que se le va solucionar todos los problemas, que el futuro es genial. La parte buena, es que los marginales administrados, el pobrerío recibe cosas, es el momento para aprovechar y tratar de llevar algo pa´ el rancho, en campaña la politiquería se pone muy regalona, saben pues, hay que dar para llevarse después, en realidad no regalan nada, invierten capital, que amortizan con creces en un corto plazo cuando ganan las elecciones y si las pierden se joden, es una timba que si sale bien olvídate, vas para arriba como globo lleno de helio.

Es que la politiquería tiene mucho de curanderismo que de altruismo por el prójimo, es una cuestión de fe, sugestión a un discurso narcótico, hipnótico y contagioso, el charlatán que no para de anunciar, prometer, asegurar con total soltura es el que obtiene los mejores resultados electorales, la politiquería es la ayahuasca itinerante que pasea por los barrios de los expulsados del sistema de consumo libre y sin pena.

En realidad, lo verdaderamente importante no son las tonteras que se dijo antes sino, el casamiento del Gobernador Juan Manuel Urtubey en Salta y el raid televisivo del juez Daniel Rafecas, faltaría Norberto Oyarbide haciendo sus pases de bailes histriónicos en el living de Susana y estamos para el cierre.

 

Por Carlos A Coria Garcia.

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