ACTUALIDAD  17 de agosto de 2016

En la comarca del Revés.

Mientras la oficialidad paseo sus privilegios para honrar (algunos, gobierno vecino incluso, creyendo hacerlo por el natalicio) al Padre de la Patria (¿Habrá querido San Martín acaso, el que se formó en España, perteneció a la Logia Lautaro o Gran Logia Europea, un espacio independiente de España, o sólo separarla a riesgo de no que cayera, en manos de los rivales españoles, los Ingleses, que ya habían invadido lo que luego sería Argentina, década atrás de su Independencia?) polémica aparte, que bien podría librarse en todas y cada una de las áreas educativas, sin redundar en tautologías, como lamentablemente se volvió a caer, en esta oportunidad, firmando un acto acuerdo, de una mesa interreligiosa, que la firmaron políticos, refrendando que harán lo que tienen que hacer por ley y por mandato popular.

Para el círculo vicioso del que somos parte, es decir para los pocos que nos leemos, que nos reconocemos, en nuestros propios ninguneos, escudriñamientos sibilinos y percepciones envidiosas e insidiosas, continuamos demostrando que pase al paso de los años (o nuestros pasos en el único tiempo) en nada hemos cambiado nuestra perspectiva y esta falta de asimilación de las cosas desde otro lugar, es quizá lo que nos permita continuar en un mundo, que en el caso, de haber sido, asumido desde varias perspectivas, posiblemente se haya tenido que terminar antes. Es decir, hagamos culto a nuestra estulticia, probablemente el no salir de esta condición, haga que tengamos que continuar experimentando, por algún tiempo más, para ver si alumbramos otra cosa.

Ni Yapeyú era Corrientes, ni Corrientes Argentina, cuando nació San Martín. Sin ingresar a ninguna polémica de tinte histórica pero suscribiendo el pensar histórico, tal como lo señala, entre tantos Teresa Oñate en su texto “El retorno griego de lo divino en la postmodernidad” : Cómo es sabido, Benjamin pone de manifiesto, por piedad y justicia para con los muertos y los vencidos por la historia que avanza matando (a enemigos, a pobres, a débiles, a diferentes, a improductivos o inservibles) que la violencia del modelo es de una crueldad irracional…El sujeto de la revolución no se traza por demarcación sociológica, no se trata de la clase proletaria estructuralmente protoburguesa, sino de los radicalmente insatisfechos con el presente, que necesitan saber, aprender de los vencidos, y abren la grieta por la que los pasados arrasados pueden asaltar la inesencialidad contínua de la historia (Página 112, Editorial Alderabán). En el caso Sanmartiniano, el pensamiento, bajo esta perspectiva, proviene desde el sacrificio que por él hiciera el Sargento Cabral. Para los que no lo saben, el Sargento, era negro de piel, como aclaran los racistas, los que no abundan, extrañamente en Argentina (los negros, los otros sí, claro) a diferencia del resto de los países de Latinoamérica, la historia oficial, dirá que en una batalla épica, San Martín, caído, esta regalado, a punto de ser atravesado por una espada enemiga, cuando el negro, en un acto de arrojo, digno de un guion hollywoodense, se interpone con su propio cuerpo y antes de ingresar a la  inmortalidad, solemnemente y en otra heroica y anti-negra (para cómo se los consideraba a los negros en esa época) actitud, supuestamente afirma que muere contento porque están venciendo al enemigo.

Cómo era tan difícil poder creer esto, nos lo cuentan desde que ingresamos en la escolaridad formal (dándole la razón a Bernard Shaw cuando afirma “Suspendí mi educación cuando tuve que ir al colegio”) y en el mejor de los casos, nos pretenden que nos quedemos en esta anécdota, o la que es aún más determinante, el cruce de los Andes en camilla o el color del caballo.

Pensar que tipo de patria, bajo esta realidad imposible de sortear, que San Martín, fue formado en España, bajo una lógica Europea y propósitos Europeos, que respondían a otro tipo de intereses (tal vez, el que resulto, el crear unidades políticas no dependientes formalmente de una corona azotada y en peligro, como la Española en tal  entonces, pero sí vinculadas económica y comercialmente) es la que pretendieron prohombres y próceres como San Martín, debería ser en algún momento el desafío de la hora, como para entender de dónde venimos y de allí sí preguntarnos hacia dónde queremos ir.

El carnaval circense de tipos, procesados, sospechados y seriamente cuestionados en su legitimidad política, que perturban con su mera intrascendentalidad, la paz perpetua del pequeño pueblo en donde la existencia arrojó a San Martín,  se agrava, cuando el infierno de las buenas intenciones, corona, la insustancialidad y la inutilidad de estos tipos, haciéndoles, en su hacer desesperante sin pensamiento, en su accionar estupidizante y turbado o más turbado, firmar un acta acuerdo político, en donde se comprometen a ser democráticos y a luchar contra los males que, normativa, moral y hasta mediáticamente supuestamente, combaten o deberían combatir.

Es cómo sí dentro de unos meses, ganará Donald Trump y no lo dejaran asumir por un supuesto comportamiento antidemocrático o mejor expresado, para dejarlo asumir, lo obligaran a firmar un papel en donde se comprometa a ser democrático y cómo si fuese el colmo de los colmos, este aceptase y no sólo firmara ese insustancial papel, sino que se sacara fotos haciéndolo y las subiera a las redes sociales, publicitándolo.  Renglón aparte, sí todos los que realmente piensan, sienten o creen que el sistema debería ser cambiado o modificado, radicalmente, tendrían que estar trabajando para que ganase Trump, el sistema caerá desde adentro, bajo implosión, concentrando los vértices de sus contradicciones, tal como en este y excepcional, caso-oportunidad.

Difícil, que se logre asumir el riesgo de lo que pretendemos. Ser humanos, haciendo uso de nuestra libertad, pensando y arrojándonos al vacío de consideraciones, para hermanarnos, pese a nuestras debilidades, usando la crítica como observancia para que cada día menos gente sufra la crueldad de la pobreza y la exclusión. Para esto no se necesita ninguna firma, ni de independencia, ni de acuerdo de nada, solamente tener la humildad de sabernos en qué lugar podemos dar lo mejor de cada uno, corriéndonos, o haciéndonos a un lado, cuando lo ocasión lo requiera.

Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Díos, reza un pasaje bíblico, cuando los políticos no jueguen a ser émulos de próceres, ni los curas tutelen la razón política en nombre de Dios, los tipos que piensen seguramente tendrán sus espacios, al menos en los medios de comunicación, mientras tanto, la orgía de fotos de tipos en homenajes y conmemoraciones continuarán regodeando el clímax, de quiénes se precian de ser diferentes, a los que dicen representar y tutelar, que de continuar así, más temprano que tarde, harán tronar el escarmiento emergiendo del piso, rompiendo necesariamente el techo de sus limitaciones, que son la base de las prebendas y privilegios de tipos que en el afán de esta superioridad se sacan fotos en su vodevil de insustancialidad.

 

 

 

  

   

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