ACTUALIDAD  28 de julio de 2016

Se entregan los premios “Comunas del Bicentenario”.

En una de las contadas iniciativas que no precisan de autorizaciones de órganos que determinan que acciones público-políticas y sociales, se deben llevar a cabo, una serie, de hombres libres, se reunirán, en la ya tradicional convocatoria, de Comunas del Litoral, que establece criterios, argumentados (no acendrados en vínculos de la amistad o el nepotismo) para distinguir, pese a todo y con la finalidad ulterior de amalgamar la relación o el vínculo entre representantes y representados, a funcionarios públicos en el quehacer de su gestión. La cita es este viernes 29 a las 20 horas en el Miranda Club Social, de la Ciudad de Corrientes (Catamarca 1128). La alocución de bienvenida estará a cargo de Francisco Tomás González Cabañas, quién disertara acerca de “La flagrante mentira de la gratuidad en los servicios de comunicación”.

Tal como es tradición, hace más de una década, no sólo en el averno, está cita se ha ganado un lugar en el estado de excepción Correntino. Este encuentro prohibido, que no está avalado, ni auspiciado por los endebles conceptos del poder corroído, que como ferias de vanidades, sólo se concentran en generar espectáculos con grandes luces de neón, en donde los amigos o lamebotas del poder, por segundos se sienten que son otro cosa, intenta y pretende, hacer entender a todos y cada uno de los que forman parte de una comunidad, que otras maneras de manifestarse en la vida pueden ser posibles.

Adelanto de la exposición del ensayista Francisco Tomás González Cabañas, en la entrega de Premios “Comunas del Bicentenario”:

En algún momento de la historia existió un hombre llamado Sartre, que además de tantas cosas, escribió una obra de teatro “Nekrasov” en donde, aborda, desde la óptica de la búsqueda de la libertad en terrenos opresivos, los dilemas humanos que se presentaban, se presentan y se presentarán en cuanto a que verdad transmitir, en relación o vínculo o al interés que defendemos o creemos defender; lo mismo podría ser un pago mensual, o incluso un dinero especial por difundir algo que no es real, como hacerlo creyendo que somos parte de una revolución, comandada por siniestros y perversos personajes que engatusan nuestros sentidos y razón.

Sartre arrastró como condena, o doble condena, su condición de humano y de intelectual, por ello, no pudo desprenderse ni en sus obras literarias (como las teatrales) del tratamiento de la libertad, entendida como responsabilidad, sin que pudiera acudirse a dioses o religión como excusa o refugio. Sartre, sin ánimo de que nadie se pierda de poder indagar en sus obras sin intérpretes, en la pieza citada nos dibuja un escenario al menos curioso; como en los tiempos actuales, en donde el peso de la institucionalidad, parece pender de un programa periodístico de domingo, al menos nos merecemos la referencia, para darnos cuenta, que desde un tiempo a cierta parte, la humanidad y sus ramificaciones no somos más que repeticiones, con variantes muy sutiles de lo ya ocurrido, escrito, pensado y sucedido.

El punto en cuestión es el valor, no de lo que se transmite en un medio de comunicación, sino lo que el comunicador, pone en juego al comunicar, su valor, no de verdad, sino de interés y como ello termina como resultante de la comunicación. En Sartre, esto es mucho más complejo de lo que acabamos de plantear, igualmente asumimos el desafío de tratar de decirlo más clara o gráficamente sin “lavar” la idea central o desnaturalizarla.

En relación a un supuesto valor que habitan o comunican, lo mismo es la situación de quiénes a sabiendas que van a transmitir algo que no es cierto, pero lo hacen por privilegiar un incentivo económico o material. Hablamos que es lo mismo, no desde la perspectiva ética (que obviamente es diferente al caso anterior) sino al valor de verdad, pues están comunicando algo que no es cierto, con la diferencia, al caso anterior, que lo saben, por tanto hasta se podría decir que actúan con la honestidad de tener en claro que mienten, porque priorizan una cuestión monetaria, sectorial o lo que fuere. Algunos hablan que se trata de la soberbia del que sabe, a diferencia de la tontería del que ignora y que puede ser arriado, este se hace capitán de su barco pirata y comercializa esa sapiencia, bajo una escalada de valores totalmente cuestionable pero propia. No son difíciles encontrar los ejemplos de quiénes arribaron por ejemplo a posiciones de poder diciendo que mentían al prometer o en la campaña, dado que sí hablaban con esa verdad que sabían, nadie los iba a apoyar o acompañar-

 

 

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