ACTUALIDAD  6 de julio de 2016

Intervención Artística-ciudadana "Desnudemos la política".

Desde el centro de estudios políticos, avanzamos en la organización de una manifestación socio-cultural que dimos en llamar "Cómo dios nos trajo al mundo”, el propósito de la misma es que todos y cada uno de los ciudadanos que sintamos que estamos desnudos, sin ropaje, y por ende sin la cobertura del pudor necesario para vivir armónicamente en comunidad, marchemos tanto a la casa de gobierno, cómo a la legislatura (concentrándonos en la esquina de Salta y 25 de mayo de Corrientes Capital) en el momento mismo en que ingrese formalmente el proyecto de reforma constitucional.

Seremos los que tengamos que ser, pero indubitablemente, estamparemos nuestros nombres en la historia, los que nutridos con lo que nos ha sido dado, es decir nuestras zonas pudendas sin ser cubiertas, golpearemos las puertas de la clase política, para demostrarles la falta de vergüenza y decoro que demuestran tener ante la comunidad toda, por perseguir sus pingues intereses sectoriales, sin que medie ninguna otra razón que no sea la argucia de momento.

Sabemos que la mayoría que nos acompañará, lo hará por el morbo de ver, a las 10 de la mañana, en un día de semana, a gente desnuda, pero de una vez por todas, la vergüenza, tiene que estar en el lado, preciso, correcto y exacto, no de quiénes tan sólo queremos ser sujetos de derecho y obligaciones y vivir armónicamente en una comunidad que se precia de democrática.

Lamentablemente, este tipo de golpes efectistas, en vez de ser tales, deben ser comprendidos como gritos liberadores, tal como nos enseña el cuento infantil “El nuevo traje del emperador”, en donde en un clima de opresión, el gobernante, sometiendo en voluntad y deseo a todos sus súbditos, se pasea desnudo por la comarca, creyendo que viste el traje que no puede ser vistos por los  tontos, un niño, que aún no fue cooptado por la perversidad del gobernante, devela el absurdo y a partir de allí la comunidad despierta, avergonzando al sinvergüenza.

Alentados por un intelectual correntino, como Francisco Tomás González Cabañas, ninguneado, aislado, e incluso atacado, por oficialistas y opositores, por el simple hecho de invitar a pensar, reconocido a nivel internacional en la misma proporción que es bastardeado por quiénes se han negado a reconocerlo como intelectual, a nivel mediático, a nivel artístico y hasta familiar, sin que estos afrontas que llegaron incluso hasta la provocación personal, lo hayan llevado a responder con la misma irracionalidad e irascibilidad, manteniéndose incólume en su férrea convicción de que un mundo donde quepan todos los mundos, aún es posible, es que citamos a continuación uno de sus tantos textos que obviamente han sido publicados en el exterior, más no así en su patria chica, en donde muchos de los que pertenecen a la clase dirigente, no han entendido que el poder tiene que tener como base elemental, que las reglas de juego sean de una mayor claridad posible, para la mayoría de los habitantes de una comunidad, a los efectos de lo que significaría y representaría una democracia auténtica.

Pornosofía: Sincretismo entre Filosofía y sexualidad, ejercicio que evita ser follados por la política.

Sí coincidiéramos con el Marqués de Sade en su obra La filosofía en el tocador, de que la definición de prostitutas corresponde al significado de las únicas filósofas auténticas, debiéramos ir en su búsqueda, dado que desde hace un tiempo no las encontramos más en los burdeles ni en las calles, porque continúan siendo perseguidas en su ejercicio desde tiempos inmemoriales y ahora confundidas con quiénes son capturadas como esclavas sexuales. Que atesoren el filosofar, puede ser incluso más cuestionable, pero sí intentamos definir que es el filosofar, probablemente el camino se nos allane. El amor a la sabiduría, tal como lo indicaría la definición etimológica, nos puede dar una pista. Las prostitutas, insistimos, las auténticas, trabajan con la esencia, la materia prima del amor, que es lo sexual y para muchos, como para nosotros, con lo único verdadero en lo que se atiene esa contrato entre privados, tan inasible como las abstracciones metafísicas, que tan buena prensa ha tenido y tiene y llaman amor. La insensatez, sobre todo política, de amar a la sabiduría, sirve en un espacio acotado de tiempo, al comienzo, tal como ocurre con personas que se dicen amar y por ello firman un contrato de hecho (matrimonio) y se someten a convivir como si esa sensación (la mayoría de las veces acendrada en lo sexual) vaya a perdurar mucho más tiempo, de lo que en verdad podría perdurar. Los que se decían amar a la sabiduría, le sirvieron políticamente a sus respectivas sociedades, en ese mismo comienzo, en ese trecho inicial, les paso a Sócrates, como a Platón, luego, esa imposibilidad de seguir amando (es decir al principio legitimaron las bases de lo político y ese amor era reluciente y real, como útil) generaba que cuestionaran aquello que habían ayudado a construir, de allí que uno terminó condenado a suicidarse y el otro evadido y vendido como esclavo, no podían continuar amando, lo que se había modificado, o mejor dicho, lo que se había cumplimentado, y tampoco, en su calidad de filósofos, podían dejar de amar esa búsqueda del saber. Aquel que contrae un contrato, o realiza un connubio, con quién se dice amar, siente en un determinado momento que esa sensación primigenia se ha modificado (otro de los aspectos constitutivos de lo sexual en relación a lo amoroso, es la idea de perpetrar sempiternamente los pocos segundos que dura un orgasmo) y que por tanto, debe romper el contrato, o tergiversar lo que en un momento sintió y dio en llamar amor y continuar bajo ese contrato y un amor que ya no es o ha pasado a ser otra cosa. Por ello es que las prostitutas, profesionales de la sexualidad, son las que conocen mejor que nadie, el momento exacto en que la verdad se transforma en mentira (tras terminar lo pactado, el pago convenido) para no derrapar en el matrimonio y fijar límite cuando lo necesario y conveniente se vuelve peligroso (lo que le ocurre a los filósofos).

Etimológicamente el Porno, o la pornografía, es lo que se escribe sobre las prostitutas y el vocablo conceptual de pornosofía, sería la sabiduría que podría estar detrás de quiénes atesoran esa actitud ante la vida de vérselas con lo que creen o sienten como lo cierto. Este último término, para no decir lo verídico, tiene un pasado, hipostasiado en la historia del pensamiento, nos inclinaremos por el término, auténtico, utilizado por el Marqués de Sade. La raíz griega de este término, implica lo absoluto y aquí encontramos un nuevo hermanamiento entre filosofía y pornografía, detrás de nuestra construcción conceptual de la Pornosofía.

El pornosófo debe ir detrás de lo auténtico, de ese absoluto que cree o pretende o por lo que se guía en su yo en el mundo, tal escándalo, tal afrenta para la filosofía, que en verdad, ¿es su opuesto?, debe escandalizar tanto, como lo pornográfico en sí, es decir, las imágenes de las genitalitades humanas entrecruzándose.

Pornosofar, es ser auténtico, también en el pensamiento, reconocer que siempre pretendemos que pase algo con lo que pensamos, que convenzamos, que conquistemos, que nos den dinero o nos rindan pleitesía con ello o tener más sexo, a partir de ello.

La pornosofía, como todo lo disruptivo no estará tabicada en las esclusas de antaño que sostienen lo académico y difícilmente tengan una prensa acorde a lo que propone, probablemente se la emparente o categorice dentro de todo aquello que no pertenece a lo común o a lo normal.

Lo singular es que tanto a la filosofía como a la pornografía, padre y madre de la pornosofía, les está ocurriendo esto mismo, ambas no terminan de morir y vegetan en la inanición de haber sido en sus momentos, interesantes disruptoras del orden establecido.

La filosofía ha dejado, posiblemente desde hace siglos, de dejar de ser una amenaza para las mentes más acomodadas, en lo mejor de los casos, devino en un pasatiempo, en los domingos de la vida de personas ricas o en las aventuras oníricas de jóvenes pseudo-revolucionarios, en esa flexibilidad, en esa laxitud, que en los tiempos y ante las situaciones actuales, sería connivencia, con millones de personas, que en nombre de otras pocas, continúan siendo subhumanas, filosofar es una jactancia literaria, pornosofar, sin embargo, una obligación para quiénes tienen la posibilidad de hacer sinapsis neuronal.

La pornografía, le ha dejado paso al sexo plástico, que se viraliza en redes sociales y que impone como regla, la cosificación no de un género, sino de una condición, la del pobre o del menos pudiente, es decir, la mujer acaudalada entrada en años con el joven exótico y de color, como el empresario obeso y adinerado con la modelo de turno; el reinado de la estética que impuso operaciones y resultantes de quirófano, entronizados previamente en comerciales y más media, que nos dicen que cuerpos son los más sanamente deseables. La pornografía perdió su capacidad de escandalizar, de disponer de otra discursividad, le han enajenado su posibilidad de impactar con la crudeza de las imágenes y con lo simple y sencillo de lo que ocultábamos bajo nuestras sábanas.

Pornosofar, también incorpora esta naturalidad, que escenografiada o convertida en película, puede posibilitar, pensar desde otro lugar.

Finalmente la pornosofía, llega como todo hijo, no para la superación de sus padres, sino para el rescate de sus memorias, de aquello, que como reliquia conocemos como filosofía y pornografía.        

“Los hombres temen al pensamiento más que a cualquier otra cosa en la tierra, más que a la ruina, incluso más que a la muerte. El pensamiento es subversivo y revolucionario, destructivo y terrible; el pensamiento es despiadado con el privilegio, las instituciones establecidas y los hábitos confortables; el pensamiento es anárquico y sin ley, indiferente a la autoridad, despreocupado de la acreditada sabiduría de las edades. El pensamiento escuadriña el abismo del infierno y no teme. Ve al hombre, esa débil partícula, rodeado por insondables profundidades de silencio; sin embargo, procede arrogante, tan impertérrito como si fuera el señor del universo. El pensamiento es grande, y veloz y libre, la luz del mundo, y la principal gloria del hombre…Pero para que el pensamiento llegue a ser posesión de muchos, no privilegios de unos pocos, debemos eliminar el temor. Es el temor lo que contiene a los hombres, el temor de que sus acendradas creencias resulten engañosas, el temor de que las instituciones por las que viven resulten dañinas, el temor de que ellos mismos resulten menos dignos de respeto de lo que habían supuesto que era…Es mejor que los hombres sean estúpidos, lerdos y tiránicos y no que su pensamiento sea libre. En efecto si su pensamiento fuera libre, podrían no pensar como nosotros. Y este desastre debe evitarse a toda costa…” (Bertrand Russel, Principies of Social Reconstruction).

Pornosofar la política, follarla, como actitud defensiva (quitándole toda lógica de placer al acto sexual y considerándolo solamente una cuestión de poder) para que ella no nos folle, quitándonos la dignidad, evitando el virus que con su miembro, la clase política, lasciva, nos intenta inocular para que nos quedemos en el paro, laboral como existencial   

 Por el Centro de Estudios Desiderio Sosa. 

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