ANÁLISIS  5 de abril de 2016

El avefría descubre su nido.

Déjame ver que hay para saborear esta vuelta, la carta no está siempre a tu alcance en los matutinos. Loco de pensar que se dispute el poder y la gloria, y con el frío de un reino las almas congelar. Cuanta verdad, cuanta mentira y cuantas palabras, y todo ese motor para devastar tu inconsciente. Déjame ver que hay para saborear esta vuelta, la verdad, la mentira y la mueca de tu ingenuidad. Cuantas palabras se disputan el poder y la gloria. Y cuántas vidas se pierden en el frío de un reino mortal. Loco de pensar, queriendo entrar en razón y el corazón tiene razones que la propia razón nunca entenderá. El final es donde partí, La Renga.

Lo extraordinario del avance de la tecnología en el nicho audiovisual es que podemos ver a través de internet prácticamente todo (siguiendo el reciente descubrimiento de Oscar Aguad). El miércoles por la tarde se voto en la Cámara de Senadores la ley que permite pagar a los fondos buitres y fue trasmitida en vivo por el canal virtual de la web institucional del senado. Lo bueno de la red de redes es que podemos ver a los senadores haciendo uso de la palabra redundancia de por medio, ya que forman parte del parlamento.

Por primera vez desde que asumió como senador por Corrientes hizo uso de la palabra el ex Gobernador, fue escueto en su discurso y se tomo como propio ejemplo narrando y haciendo saber a sus pares los tiempos duros que le toco transitar en su provincia cuando estuvo como titular del ejecutivo sin poder cumplir con los servicios básicos que el Estado debe brindar, a saber: educación, salud, seguridad y agregando trabajo. Lo que no pudo hacer el senador es indilgar su penoso paso como gobernador a la herencia recibida (como lo hace ahora con su gobierno de la revolución del amor y la alegría, pitos y matracas), ya que el principio y profundización de la degradación correntina vino de la mano de su jefe político que lo deposito en el cargo. Omitió también contarles a sus pares y al pueblo argentino que fue expulsado del ejecutivo provincial vía juicio político por inepto, imperito o inútil, terminando por depositar a la provincia en su época más negra con la carpa de la dignidad, represión y muerte.

El senador no solo se limito a contar su larga y pobre carrera política y votar a favor de la ley en cuestión sino que, también tuvo tiempo para meterse en tierras movedizas cuando, al final de su discurso trajo a colación del tema y al recinto las ideas de John Rawls que supo compartir en su obra “Teoría de la justicia”, quien propone entre sus conceptos fundamentales que la estructura básica de la sociedad es levantada sobre reglas que los asociados comparten, dictadas por instituciones como la constitución política o las principales disposiciones económicas y sociales. Son estas instituciones las que definen cargos y posiciones, cargas y beneficios, poderes e inmunidades, para todos aquellos que se rigen por ellas. Entonces el punto de Rawls estriba sobre cual es la adecuada distribución de derechos y deberes por parte de las instituciones que conforman la estructura básica de la sociedad.

La forma en que el estado ideal se realiza según Rawls –autor que sigue nuestro senador-, es por medio de un marco contractual: “la idea principal de su teoría es la de que los principios de justicia son el resultado de un acuerdo original. El acuerdo reemplaza a la noción tradicional de contrato, y no se lleva a cabo efectivamente, sino que es hipotético. Se trata de un acuerdo al que llegarían personas libres y racionales interesadas en promover sus propios fines en una situación inicial de igualdad”. Es la hipótesis equitativa que Rawls le adjudica el nombre de posición original. El autor al que sigue nuestro senador se despacha y voltea las aspiraciones del ex gobernador cuando explica tajantemente que “los principios de justicia que son objeto de un acuerdo entre personas racionales, libres e iguales en una situación contractual justa, pueden contar con una validez universal e incondicional… imparcialidad apoyada en la idea de que solamente a partir de condiciones imparciales se pueden obtener resultados imparciales. La imparcialidad de la situación contractual a la cual llamamos posición original se garantiza por un velo de ignorancia que impide a los participantes del acuerdo observar y tener todos los conocimientos particulares, entre ellos los relacionados con su propia identidad y con la sociedad a la cual pertenecen. De este modo, se depura el acuerdo de la influencia de factores naturales y sociales… son contingentes desde el punto de vista de la justicia, y a la vez se asegura el tratamiento equitativo de las distintas concepciones del bien”.

El senador no puede pretender y mucho menos aspirar a un contrato social que nos regule en paz por el solo dato crucial de que el proviene y ostenta cargos por medio en un contrato social delirante, grotesco y antidemocrático vigente ayer, hoy y seguramente mañana, el senador no puede redefinir el contrato social sobre la base del jefe, feudo, sometedor, cuando ni siquiera permiten que los ciudadanos se expresen en libertad sobre temas particulares, el senador es parte del sistema perverso y degradante que nos convirtió en manada y no en ciudadanos. El senador es como el Tero, grita en un sitio y pene los huevos en otro, es un “planero” del gobierno del contrato social.

Por Carlos Coria García.

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