ACTUALIDAD  31 de marzo de 2016

Presentarán anteproyecto de Reforma de la Constitución Provincial.

La misma se hará en forma pública el próximo lunes 4 abril, en Salta y Pellegrini (El Mariscal) a las 10 de la mañana y estará a cargo de diferentes espacios de ciudadanía comprometidos con el quehacer político. Son tres los ejes de la propuesta para declarar la necesidad de la reforma; Reelección indefinida del Gobernador y los Intendentes; Composición consensual de los ejecutivos, los vices serán los segundos más votados y derecho compensatorio electoral o que el sufragio de quiénes permanezcan por debajo de la línea de la pobreza sea computado doblemente.

Acceso a partes de los argumentos del anteproyecto a presentarse:

Acerca del derecho compensatorio electoral:

Ha llegado el momento que dejemos de actuar como meros comentadores de la realidad, como catedráticos de teorías perimidas que no se corresponden con lo que sucede en amplios latifundios del mundo, en donde millones de seres humanos, de carne y hueso, perecen en la miseria más absoluta, y son vejados en su expectativa, por quienes se aprovechan de lo único intangible que poseen; la esperanza.

La esperanza de que sean iguales, de que sean incluidos, de que tienen los mismos derechos que cualquiera, es el veneno más ruin y letal, inoculado, por parte de los sectores interesados que pretenden un mundo para pocos, sosteniéndose en los que no tienen, prometiéndoles lo imposible, de que alguna vez tendrán.

Esa promesa, se maximiza, se hiperboliza en tiempos electorales, es el momento, en donde y cuando, el vejamen en abstracto, se transforma en un delito permanente, se materializa en grado sumo, cuando los cancerberos del sistema (llámese referentes políticos, académicos o comunicadores) les ofrecen en sus hogares sobredimensionados de miseria, dinero, comida, bolsones de mercadería, elementos de construcción para que sus casas precarias sigan siendo tales, formalizarnos en el sistema laboral para legalizar la esclavitud moderna, o en el mejor de los casos prometerles ruines mejoras salariales que nunca les alcanzará para dejar de ser patológicamente dependientes.

Es tiempo que aquellos que sientan, que la humanidad necesita avanzar por otros senderos, abracen esta posibilidad, que es ni más ni menos que plantear  reglas de juego diferentes, que de una buena ver por todas, ponga las necesidades más urgentes como prioridad.

Hablamos de devolverle, al pobre, al marginal, lo que se le quitó, se le quita y se le sigue quitando, suspender el delito permanente, del que es víctima desde lo institucional, para que se lo reconozca como sujeto a ser compensado, regresado en su condición de humano, integrado a un contrato social, en donde no tenga excusas como para una vez dentro, cometer ningún tipo de delito o desacato.

 Sí no reaccionamos a tiempo, no tendremos un mañana en donde las diferencias se planteen en términos democráticos o de diálogo, aquellos a los que les seguimos sacando todo, nos vienen advirtiendo que ya se dieron cuenta, de que lo saben, y de diferentes maneras nos lo están haciendo saber, cada elección que pasa, es una oportunidad más que dejamos pasar, para que se siga construyendo ese día de juicio final, en donde ninguno de los que estamos del otro lado tengamos posibilidad de defensa alguna.

Desde hace décadas que tanto la ciencia política, como el enfoque de lo político desde lo filosófico, se debe o debe, resignificar el contrato social, redefinir el principio de igualdad, y acotar el significante extenso y polisémico de lo de democrático, para consignarle un valor diferente, sobre todo para aquellos que el estado los tiene para la obligación sin velar por sus derechos, para que en la jornada electoral, a estos invisibilizados se los empodere con el valor de dos (2) a cada uno de sus votos, dignificándolos para sacarlos del estado de víctimas que impone el prebendedarismo, la compra de votos o los bolsones de mercadería (una práctica muy extendida en Latinoamérica)  que en definitiva carcome y deslegitima la democracia actual que se pretende, como finalidad restaurar el contrato social y reconstruir el principio de igualdad de acuerdo a categorías aún no transitadas.

Se nos dice que la democracia, en el período electoral, es la manifestación por antonomasia de la libertad política, dado que cada cierto tiempo podemos elegir a quiénes nos gobiernen. Esta definición casi academicista, es una mera expresión de deseo, un anhelo romanticón ante las batallas que se libran por convencer, seducir o mejor dicho, cooptar o condicionar a los electores para que tomen o escojan una decisión.

Acerca de la reelección indefinida:(Cultura paternalista, de su realidad e implicancias)

El padre, es el que nos da la vida, para algunos, el padre mayor también nos la quita, y en esa figura, un significante rabioso de contenido, anida el estado, o su administrador, el pope dirigencial, el líder providencial, el macho cabrío que suscribe nuestra cultura paternalista. El que nos da aumentos, el que reta, el que genera e infunde pavor, esa figura presente como concepto en nuestro código civil de temor reverencial, apunta como un disparo bajo la línea de flotación de nuestra humanidad, el golpe es contumaz si proviene desde la esfera de quién administra el poder del estado, es vindicativo, aterrador y de lesa humanidad, porque, qué asociemos al “che patrón”, con el estado, con una cultura paternalista, puede ser reprochable, pero es obligadamente harina de otro costal, ante el desgarramiento que produce que se nos lastime desde el poder. 

Por intrepidez o irreverencia, cada tanto se escucha un estertor, un suplicio, cuál cántico lacónico, de los que han bebido, supuestamente el elixir de la tan buscada felicidad, se engañan para resistir, es entendible, si hubiesen encontrado el brebaje, tras probarlo y saborearlo, no continuaría en este ámbito, pues su quintaesencia irradia la verdad contundente de que sólo se la disfruta, plenamente, por instantes que son irrepetibles, y que el pretender perpetuar o hacer de tal instante la suma para algo, simplemente reduce al enloquecimiento de no poder comunicarse más con nadie en un lenguaje coherente.

El temor que genera estas fantasías defensivas, son material en abundancia para la literatura infantil, es que la existencia misma, es básicamente relatos de hadas y princesas, de campos elíseos, de nubes suspendidas que amortiguan a seres que mantienen su peso y corporalidad.

Nos da pavor, ni siquiera afirmar, ni argumentar, tan solo pensar, por minutos prolongados, que no existe nada, absolutamente, es retornar de dónde venimos, que por algo no hemos conservado recuerdo alguno de ese no lugar, el nombre que le pongamos puede representar una terminalidad, un fin, un punto, pero ni siquiera de la cuestión nominal se trata, podríamos decir que es el ingreso a la armonía, pero no, todos sabemos que hablamos de ella y tanto miedo le tenemos que preferimos no mencionarla, no vaya a ser cosa que nos escuche y venga por sus invocadores, como en las fábulas para niños.

Temblamos al vernos en la evidencia de nuestra contradicción irresuelta de pretender lo que sabemos imposible, porque jamás lo hemos conocido, porque en tal caso ya no estaríamos para decirlo, nos sacude la molestia fortuita, de la incomodidad permanente, de sentirnos liberados de tales males y ubicar momentos de plenitud en donde tengamos la certeza de ser felices sin que ello acabe.

Comprender que habrá sido lo mismo nuestro paso o no, aquella noche, su mirada, el roce de la piel, ese momento especial, por más que hagamos trampa y pongamos los episodios de dolor, que afán por permanecer en la espera del suceso que nunca acaece.

En esa mismidad, irrumpe, la pretensión infantil de ponerle moraleja, el punto final, es la devolución o repetición  a los que estamos condenados y es tan fuerte e imposible de evadir, que ni los que escribimos podemos dejar un texto inconcluso o acabado pero no publicado, porque el solo hecho de hacerlo ya significa que lo estamos terminando y por más que no lo mostremos o no lo hagamos público, siempre alguien lo está mirando, o lo que es peor podrá hacerse dueño, cuando ya no estemos, si es que alguna vez hemos estado, sabiendo que ha valido como no ha valido la pena, el estar o no estar, pues no deja de ser una condena, que cada penitente sabrá o no como sobrellevarla, sin dejar de ser víctima de las ilusiones imposibles de intentos de fuga que dan llamar felicidad.

En esa muerte física o social o política, de no figurar de que no exista quien no merece la continuidad de la existencia, o quién solo tiene el poder de decir quien existe, aparece la estrategia, precisamente de dar muerte con la indiferencia, a quiénes todavía no mueren existencialmente.

En nuestro sistema político, esto se refleja desde el Hiperpresidecialismo, al  Hipergobernalismo o la vieja denominación de Caudillismo que en realidad peca de ser una noción eurocéntrica. El líder político de nuestras tierras, debe ser refrendado mediante voto popular, las veces que el soberano lo precise para que sea su mandante.

 

Composición Consensual de los ejecutivos:

“Como señala acertadamente Wiredu, la democracia consensual supone que todos los miembros de la comunidad pueden llegar, por el diálogo, a descubrir un bien común sustantivo. »Los seres humanos tienen la capacidad de abrirse paso entre sus diferencias hasta tocar fondo en la identidad de intereses.«  En efecto, en las comunidades premodernas, el pueblo puede coincidir en los fines y valores superiores, aceptados por la tradición, que presentan unidad a la comunidad. En cambio, las sociedades democráticas modernas y complejas no comparten necesariamente ese supuesto. La concepción liberal de la democracia se levanta sobre el supuesto contrario; es una manera de responder a la multiplicidad de concepciones del bien común que responden a intereses divergentes. Si el Estado aceptara una concepción sustantiva del bien común, sería por la imposición de un sector de la sociedad sobre los demás. De hecho, eso es lo que puede suceder, en la realidad, si se sigue con rigidez el principio del gobierno de la mayoría” (Villoro, Luis, Sobre la democracia consensual, p.12)

La exclusividad excluyente de pretender un mundo, en manos de un solo creador, interpretado por hijos dilectos o profetas, socava la armonía de quiénes depositan sus expectativas en aquello que provenga de sus sentimientos más fidedignos (que por lo general son múltiples, contradictorios, la caótica efervescencia en la que se manifiesta la libertad) éstos convertidos por la sujeción o conversos por condicionamiento, no tienen problemas después, de vehiculizar esa violencia, esa ira, ese odio que cultivaron en ellos, en actos de violencia, en heridas desgarradoras, diciéndose adalides de ese dogma que los ha vejado, están prestos a perpetrar cualquier tipo de tropelía en contra de esa humanidad que ha permitido que les supriman el derecho de creer en lo que rayos hubiesen querido. Esta radicalización, por no decir talibanización, descansa en el apotegma inescrutable de que les espera otra vida en un más allá imposible de escudriñar por nuestras falencias de las que en un segundo término, operan como persecución, en quiénes dictaminan que la falta de fe en tal trascendencia, puede resultar pecaminosa como ignorante, pero en igual caso, pasible de ser sancionada, excluyendo, nuevamente, al ya considerado marginal que no se atiene a lo establecido, como lo único, que para no ser presentado ante el mundo como arbitrario, se han permitido, subdividirlo en tres vías, que son ni más ni menos que la tríada conceptual monoteísta que impera en el mundo del logos, en el mundo de los conceptos. Las otras manifestaciones humanas, variopintas y por lo general, politeístas, no poseen otras consideraciones más que de carácter multicultural, exóticas, estrambóticas, o dignas de ser retomadas como si fuesen modas circunstanciales solo asequibles para señores ricos y aburridos, con derecho, ellos sí, a cualquier cosa y todo.

Lo más preocupante, de lo que aún no se discute, o no se ha planteado, es la socialización de esta discusión, pues sólo fue abordada desde el bostezo de lo filosófico,  esta violencia, esta corrupción imperial, esta vejación al espíritu múltiple del ser humano que es el substrato de su ambición de libertad, permite que vivamos y que continuemos viviendo bajo un mundo, supuestamente seguro, tendiente a lo armónico y pre configurado hacia una paz perpetua imposible, en donde los latrocinios se siguen llevando a cabo, básicamente, por el costo que pagamos por tener un mundo que nos pretende creyentes de un solo dios, llámese como se llame este, sus discípulos, hijos, profetas o seguidores.

Huelga destacar que no se trata de una cuestión religiosa, teísta o filosófica, es una cuestión política, pues este ordenamiento, este verticalismo, se difumina en todas las estructuras de ese sujeto al que sólo le queda creer, y casi colateralmente obedecer a un uno, llamese este caudillo, dictador o presidente. Para reconfigurar lo expuesto, en nuestras democracias actuales, se debería empezar a pensar en que los ciudadanos, en vez de elegir a personas que encarnen proyectos, ideologías, o letras muertas de lo establecido en partidos políticos, votemos directamente, proyectos, propuestas, modelos o formas de hacer las cosas y que la ejecución de las mismas, pase a ser un tema totalmente secundario, esto sí podría denominarse algo que genere una revalidación de lo democrático, pero no estamos en condiciones de hacerlo actualmente, primordialmente por lo que veníamos diciendo con anterioridad, el gobierno de ese pueblo, está en manos de uno sólo, a lo sumo, en cogobierno por un legislativo (con flagrantes problemas en relación a la representatividad, que sería todo un capítulo aparte el analizarlo) y supeditado a un judicial, que siempre falla, de fallar en todas sus acepciones, liberar la opción de ese pueblo, para que elija su gobierno, mediante las ideas que se le propongan, sin que sea esto eclipsado por la figura de un líder o lo que fuere, en tanto y en cuanto siga siendo uno, recién podrá ser posible, cuando su vínculo con la vida y la muerte, no tenga que ser anatematizado mediante la creencia o no creencia, que como vimos son las dos caras de una misma moneda, en un ser único y todo poderoso, creador de este mundo y de todos los otros, los posibles como los imposibles.

 

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