ANÁLISIS  13 de marzo de 2016

El peronismo en su encrucijada.

El único consenso que existe entre la “compañerada” es que nadie sabe a ciencia cierta a donde ir. La crisis sí se la toma como oportunidad, podrá generar un camino que devuelva al peronismo al poder en breve y que logre llevar al mismo en distritos en donde no lo hace desde casi medio siglo (Corrientes) de lo contrario deberá prepararse para un ostracismo de al menos más de un lustro. Por Francisco Tomás González Cabañas.

“Desensillar hasta que aclare”, repetía el General cuando el desfile en Puerta de Hierro, pretendía envolverlo en el clima de incertidumbre que se vivía allende el océano y los gobernantes de facto y sus acólitos azuzaban con astucia poética la metáfora del avión negro.

Y sí de algo se había nutrido Juan Perón, mucho antes de ser quien fue, era de contenidos filosóficos, con especial atención en los Griegos, de allí que aún hoy, muchos confundan, otorgándole ser el autor de la frase “La única verdad es la realidad”, que pertenece a Aristóteles, probablemente no transliterada en forma exacta, sino como definición sucinta o brevísima acerca de lo que trataba el pensamiento del Estagirita.

El general también leyó a Platón, hasta el hartazgo, sobre todo la República, el diálogo, según los no especialistas más político del tutelado de Sócrates. Recordaba la siguiente metáfora del capitán y los marineros, o el timón del estado (de aquí surge la argumentación, por parte de académicos y filósofos, del gobierno de estos o de los mejores, pero también es el entendimiento por parte de políticos con estatura de estadistas de formarse y pensar más allá de resultados o títulos).

“Los marineros se disputan el timón; cada uno de ellos pretende ser piloto, sin tener ningún conocimiento náutico, y sin poder decir ni con qué maestro ni en qué tiempo lo ha adquirido. Además, son bastante extravagantes para decir que no es una ciencia que pueda aprenderse, y estarán dispuestos a hacer trizas al que intente sostener lo contrario. Imagínate que los ves alrededor del patrón, sitiándole, conjurándole, y apurándole para que les confíe el timón. Lo excluidos matan y arrojan al mar a los que han sido preferidos; después embriagan al patrón o le adormecen haciéndole beber la mandrágora o se libran de él por cualquier otro medio. Entonces se apoderan de la nave, se echan sobre las provisiones, beben y comen con exceso, y conducen la nave del modo que semejantes gentes pueden conducirla. Además consideran como un hombre entendido, como un hábil marino, a todo el que pueda ayudarles a obtener por la persuasión o por la violencia la dirección de la nave; desprecian como inútil al que no sabe lisonjear sus deseos; ignoran por otra parte lo que es un piloto, y que para serlo es preciso tener conocimiento exacto de los tiempos, de las estaciones, del cielo, de los astros, de los vientos y de todo lo que pertenece a este arte; y en cuanto al talento de gobernar una nave, haya o no oposición de parte de la tripulación, no creen que sea posible unir a él la ciencia del pilotaje. En las naves en que pasan tales cosas ¿qué idea quieres que se tenga del verdadero piloto? Los marineros, en la disposición de espíritu en que yo los supongo, ¿no le considerarán como hombre inútil, y como visionario que pierde el tiempo en contemplar los astros? “(Platón. La República. Libro VI, 488a–490a.).

Quienes pretendan conducir el Peronismo deberían apuntar con mayor concisión a un aspecto, que por el momento, todos los pretendientes a Capitán no están soslayando.  El peronismo, sobre todo el dirigencial (es decir no para el votante o militante raso para quién el peronismo pasó a ser más una cuestión de sentimiento que de argumentos, de concepto o de dogma) es básicamente filosófico, es imposible discernir su abrevar en la razón de las primeras o de las últimas causas. El Peronismo es una perspectiva de filosofía política aplicada en un terreno determinado en un momento dado. De lo contrario, las dos últimas variantes que gobernaron bajo la etiqueta peronista (la Menemista y la Kirchnerista) no se hubiesen recostado, en la derecha como en la izquierda internacional. Precisamente esta es la razón por la cual, si bien se mantuvieron por una década en el poder, no pudieron redefinir positivamente el Peronismo y hacerlo perdurar conceptualmente. Ni las tutelas del neoliberalismo ni de la izquierda eurocentrista matizada con sesgos Chavistas, podrían haber hecho más de lo que hicieron. Perón, hablaba de la tercera posición y quiénes no entendieron de filosofía pensaban que el General hablaba de geopolítica por la coyuntura de la guerra fría. Perón, otra vez, estaba profundizando la filosofía política del peronismo. La fuerza política que había fundado, no podía ni debía aceptar tutelas conceptuales, vinieran de donde viniesen.

Quienes pretendan hacerse de la conducción peronista, deben trabajar, sobre todo en esta instancia, durante este período, en reestructurar la ingeniería filosófica del peronismo. Todo lo que pueden llegar a hacer o de hecho empiezan a hacer (discutir la metodología, esto es la cuestión electoral, pretender armados sin el dinero estatal mediante liga de intendentes o de gobernadores, posicionarse en la clase media con romances estelares o apuntar a operativos clamores  de regresos imposibles) sin entender esta cuestión nodal, los pondrá, indefectiblemente en la condición de marineros, y tal como reflexionaba Platón, ningún barco, como metáfora de estado, podrá ser conducido exitosamente por quiénes vean el mundo desde tal lugar.

Entender al peronismo desde su condición filosófica es la primera razón que le exigirá la política práctica para devolver el peronismo al poder. Metodológicamente, como todo lo filosófico, pueden ser los caminos tan flexibles como diversos, sin que esto distraiga del telos u objetivo.

 En cualquier distrito, dirigentes que se consideren, conceptual y racionalmente peronistas, podrían organizar lecturas de La comunidad organizada, fomentar encuentros o coloquios de filosofía política (Perón lo hizo en Mendoza en el `49), consolidar el pensamiento como fuerza dinámica y transformadora, o a decir de Aristóteles, como motor inmóvil o primera causa de todo lo que desande luego el peronismo en las calles y más luego en una nueva probable función de gobierno.

Siguiendo con Aristóteles, el peronismo y la filosofía constituyen un compuesto “Hilemórfico” (todo cuerpo constituido por dos principios: materia y forma), una única unidad indiscernible que la distingue de todas las distintas fuerzas políticas del país y la posiciona en un sitial privilegiado en el mundo.

Finalmente y en un mismo orden de ideas, parafraseando a Martín Heidegger, cuando propugno en el ámbito de la metafísica “El olvido del ser”, los peronistas están olvidando la razón filosófica de tal expresión política, este olvido puede ser perdonable a marineros intrépidos que por bajos instintos quieran hacerse del timón de un barco, al que seguramente, más temprano que tarde estrecharán, ahora que los peronistas que pretendan capitanear el barco de sus distritos o de la nación se les escape esta cuestión neurálgica derivará, seguramente, en que el poder continué por muchos años más en otras manos.

 

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Comentarios

Moisés sanchez

Pienso lo mismo ..quien quiera conducir el país deberá saber que es el peronismo

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