CULTURA  16 de febrero de 2016

La literatura es un ejercicio de pajeros.

La mentira fue siempre la égida que usé, no sólo para defenderme de mis semejantes, sino que además para atacarlos, en los momentos que menos lo esperaban. La traición, contemplada desde el lado estético, es lo mas bello que el ser humano puede ponderar, y mas bello aun cuando sus consecuencias son nefastas para la victima y augurosas para el victimario.

Dejar una traición sin concluir o dubitar en medio de semejante empresa equivale a un grave pecado que debería ser castigado con el peor de los suplicios. Ver los ojos de quienes nos han dado su confianza azorados ante nuestra repentina conducta, percibir la gesticulación cuasi horrorosa del rostro ante el giro copernicano de nuestros actos, en aras de su destrucción; contemplar como un Cesar en el Coliseo como sus lagrimas comienzan a caer es un espectáculo digno de ser gozado, y me apiado de aquel que en su vida se privo de este placer orgásmico. Muchas personas mienten y traicionan. La mayoría comete estos actos, pero son muy pocos los que tienen conciencia de ellos, por lo tanto, son pocos los que pueden vivenciar en grado sumo la aflicción del bípedo lastimado y la felicidad al cometerlo. Sucede con esta gente como con los animales inferiores: carecen de los medios adecuados para vanagloriarse de sus triunfos, por mas ampulosos que estos sean. La persona perteneciente a la clase baja social, por mas que cometa un gran robo, solo disfrutara de aquel en aras de los beneficios económicos inmediatos que le procure, pero jamás podrá saborear el placer de pensar, tendido en su lecho, en como arruino la vida de sus semejantes. Fue el Marques de Sade quien logro comprender estos innegables placeres, y en uno de sus tantos relatos sobre la vida de Juliette narra como un hombre llegaba al orgasmo al saber que había destrozado económicamente la vida de su prójimo. Tenia que ser Sade, genio en las letras y más genio en la vida, quien respalde mi teoría. Ningún otro se hubiera atrevido a hacerlo. Mis loas al escritor francés. Cuando uno estudió hasta el hartazgo el mecanismo funcional de los individuos es fácil saber como van a reaccionar ante estímulos predeterminados. No hace falta ser Pavlov o un científico matriculado para jugar con estas ratitas humanoides que razonan con sus órganos reproductores. Basta ver lo inmundo que son ante los actos cotidianos, el asco que se procuran mutuamente al encontrarse por Ej. a la salida de un ascensor para saber que el hombre no fue creado para amarse, sino para destruirse, y si todas las religiones nos hablan tanto de amar al prójimo es porque naturalmente no fuimos concebidos con esa predisposición, e hizo falta darles Tablas con mandamientos en el Monte Sinaí a un hebreo homicida, iluminaciones debajo de un árbol a un gordo hindú y parábolas oligofrénicas a un judío carpintero para decirnos, una y otra vez, que hay que amarnos mutuamente. Nadie ama a nadie, esa es la realidad; los pueblos siempre han estado en guerra, desde los sumerios hasta Estados Unidos, desde Nabudoconosonor II hasta Bush: todos aspiran a lo mismo, y no hay mandato ni iglesia que arrincone las ambiciones de un corazón encendido por un poco de tierra, petróleo o mano de obra esclava. Ese es el ser humano Sres., así es como fue concebido a partir de que una yegua lubricada se abrió de piernas para ser penetrada por un macho erecto, a partir de que unas ubres sirvieron de receptáculo lechero a una boca ávida de subsistencia. Culpamos al gobierno de turno de corrupción, pero todos los que han estado en el poder han sido corruptos, entonces decimos: el poder corrompe. ¡Que novedad, imbéciles! Los Quijotes de invernadero, sexagenarios fracasados, dicen que si estuvieran ellos en el poder las cosas serian diferentes... pero da la casualidad que no lo están, y podría apostar un ojo de mi cara que si lo estuviesen al menos a algún pariente acomodarían en un cargo público. Porque el hombre siempre se manejo en manada, procurando primero su propio bien y luego el de su familia, no tanto por amor a esta sino por ese estúpido sentimiento de poder que da ser protector. Cuando alguien "llega", lo primero que hace es congratularse con mama y la mujer, como diciendo: "viste que pude", entonces comienza todo su despliegue faraónico y para realzar su poder acomoda a todos los suyos en cargos importantes, en detrimento del pueblo que padece las consecuencias. ¿Pero alguien cree que al individuo poderoso le importa el pueblo? Denme un solo ejemplo de un poderoso caritativo y dejo al instante de escribir. Creo que fue Lincoln quien abolió la esclavitud, ¿verdad? Su maravilloso accionar fue recompensado con su asesinato; ¿no fue Ghandi quien movió a las multitudes para sacar a los ingleses de la India? A Ghandi también lo asesinaron... podría seguir dando estos ejemplos, que por otro parte, los nombre en mi libro Circo Zoocial, haciendo un antagonismo con aquellos dictadores asesinos que acabaron en paz en sus lechos o bien se suicidaron, privándole a la plebe el placer de matarlos. Hitler y Nerón, los grandes perseguidores de religiones, murieron con sus propias manos. 2 En si la tarea de escribir me aburre. Creo que siempre lo dije. Hace algunos meses, a mi muy querido amigo y colega Francisco González Cabañas le comenté que lo que mas odiaba de la profesión de ser escritor es escribir. No me gusta, me parece absurdo y cada vez que me siento enfrente de la hoja en blanco, pienso que estoy perdiendo el tiempo. Pero luego me atrapa, no puedo negarlo: mis dedos moviéndose por el teclado, mis ojos fijos en la pantalla, los cigarrillos que se suceden unos tras otros cuán si fuesen sicarios del cáncer; la paz, que todo artista debe conocer, al terminar una buena pagina. Si, la literatura, al menos para mi, es tediosa, el instante anterior a sentarse es abominable, pero una vez dentro del texto, todo cambia. Es como masturbarse: hasta que sacas tu pene afuera y comienzas a fantasear con alguna situación todo parece estúpido, tú mismo te ves como un pajero idiota, pero en cuanto te erectas y esas imágenes toman forma, lo único que quieres es mantener tu excitación y luego acabar de la forma mas brutal y sucia posible. Así pasa con las letras. La literatura es un ejercicio de pajeros. Nicolás Fiks. Escritor www.nicolasfiks.com.ar

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