ANÁLISIS  21 de enero de 2016

Hémera. De la decadencia nace el fuego y su contrario.

La vida individual la de cada quien, está sumergida en condiciones, todo el tiempo, a cada paso debemos vencer los condicionamientos que propone la existencia misma, el ambiente y la realidad. Pero a nivel comunidad claramente también nos enfrentamos a condiciones propias del territorio donde vivimos o al menos lo intentamos. Por Carlos Coria García.

Cuando las condiciones que se nos presentan no son fortuitas sino, más bien, provocadas por acción u omisión por algunos que no son otros que los mesiánicos, clarividentes y únicos capaces de salvarnos de la oscuridad tenebrosa del ocaso humano, o sea, los que nos colocan la zanahoria delante y nos hacen correr y correr, con la promesa de saciar el apetito con sabrosa hortaliza para que no prestemos atención a la mugre que se esconde debajo de la alfombra, que a esta altura del campeonato debe tener un extensión inimaginable.

Gea –la Tierra- nació del mismo seno de la Abertura –el Caos- , Gea engendro sin aparearse, cual escultora trae a la vida  a Éter que no es más que la luz etérea y a Hémera que es el Día, la luz diurna. De los hijos de la bella Gea es Hémera quien a la correntinidad nos da un aliciente, una caricia ante tanto desprecio y abandono de los caciques que usufructúan de las rentas públicas. Mi vecino, un hombre añoso que vive postrado en una cama por dificultades motrices va morir de tristeza o sofocado por el calor, estos charlatanes de feria, -los caciques antes mencionados que jocosos se muestran en lo que ellos llaman caminatas por los barrios enterrados en la marginalidad, que sin despecho se toman una selfie con el “pobre” que vienen a salvar,  ocultando lejos sus 4 x 4 en las que aterrizan-, nunca se enteraron de mi vecino, estrictamente porque no les interesa en lo mas mínimo la unidad humana, la realidad particular –el ser uno, el ser humano-, solo parlotean para juntar en términos cuantitativos los votos que le permiten seguir ociosamente abusando del Estado que no les pertenece, en presencia de una rémora monárquica.

El verano para los correntinos es como pasar una temporada en el purgatorio, el calor abrasador que derrite la brea en las calles como si fuera un preludio, nos anuncia la mala-ventura que les espera a los olvidados de siempre, si con suerte cuentan con un ventilador, que sirve más para espantar mosquitos en las noches que para refrescar la piel, el Estado inútil que ya perdió su razón funcional como obsequio interrumpe la energía eléctrica, con excepción claro está, en las residencias oficiales del cacicato autóctono.

 

Porque no traer a Heráclito de Efeso que allá por el año 536  a.C., sostiene que el logos es un cambio constante un permanente porvenir, propone como arjé al fuego, elemento de cambio que rige la naturaleza, Heráclito pretende que el fuego sea la rueda que movilice el cambio,, aparece en su cosmovisión del mudo la idea de un porvenir dialectico, una lucha de contrarios  que avanza y trasforma  una cosa pasando a su contraria.

Si el Estado actual fue inutilizado, perdiendo su esencia para convertirse en guarida de oportunistas sedientos de salvarse económicamente con dietas astronómicas, habrá que optar en términos de Heráclito, en transformarlo en su contrario, devolver su originalidad y extirpar la podredumbre que lo habita hoy, entonces; la opción es el fuego.

 

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