ANÁLISIS  18 de diciembre de 2015

Perucho la opción de Eco, la opción de Colombi.

Sin lugar a dudas, el presente año, dentro del oficialismo provincial, marcó la consolidación del primero, sino el único que recibe “affectio societatis”, es decir trato de socio y equitativo, por parte del Gobernador, quién lejos de aplicar “capitis diminutio” política, como sí lo hizo con muchos de sus correligionarios quiénes se autoproclamaban sus sucesores o con otros aliados quiénes se cansaron de errarle el vizcachazo electoral, estaría analizando, cada vez más firme y seriamente, disponer mediante la tan mentada reforma electoral, para en una gran Paso Provincial, Eco dirima su interna de sucesión y le quede allanada la posibilidad a un no radical, pero el principal, sino el único socio de Ricardo, Perucho Cassani, el camino a la gobernación. El antecedente exitoso del pacto.

Aquel Frente de Todos, que por disposición política del occiso interventor Mestre, hizo lugar a  todo tipo de artimañas de la politiquería, para vencer a un Tato Romero Feris, preso y con la amenaza de estar veinte años en el poder, no sólo que concreto, lo que su rival se presuponía que podía hacer de continuar en el poder (es decir, eternizarse, o estar casi dos décadas, que es dada la modernidad, básicamente lo mismo) sino que en verdad, tomo la táctica, del sólo vencido por Tato, pacto Autonomista-Laboral; fórmula mixta, un radical y un peronista como vice, la promesa del cogobierno (al punto de dividir matemáticamente los ministerios) y de la rotación sin reelección, es decir que al cabo de ese período, se invierta la fórmula y el partido que puso el vice, pusiera el gobernador.

A imagen y semejanza de lo que se conocía como la maquinaría electoral pactista, que se había quedado con las 3 gobernaciones en democracia, y tras ser solamente vencido, desde adentro, el Radicalismo que estrenaba una histórica gobernación, bajo el eufemismo propagandístico del Frente de Todos, conducción de Ricardo mediante, no cumpliría luego, ni la división en partes iguales de los ministerios, ni mucho menos, la cesión en el próximo turno electoral, de la candidatura a gobernador. Pese tener, al final del primer mandato, un gobierno nacional, peronista y consolidado, los compañeros de Perón,  es decir sus principales dirigentes, en el pago chico, eran una invitación a ser pisoteados y ninguneados políticamente.

Ricardo hizo su doctorado político en su primer período, timándole a ese peronismo  todo tipo de acuerdos y de espacios de poder, que tenía de socio, en apariencias y para la tribuna, pero que en verdad lo tenía sometido, contentando a 4 o 5 de sus dirigentes  con carguitos para usar traje, y teniendo a raya, balcanizado al resto de los seguidores del movimiento del general, como a los referentes de izquierda, a quiénes los tenía gratis, o casi, diciéndoles que era él o Tato.

Lo de Arturo, es decir, cuando puso a su Primo, por no tener reelección, aún es un misterio. Puede que en algún lugar de su inconsciente, Ricardo supiera que el “Ruby” era incapaz de sostenerse sólo o manejado por él en el poder, por tanto, probablemente, en alguna parte suya, intuyera que esos 4 años, pasaría algo lejos del sillón de Ferré, pero que mejor que se sentara su primo, antes que el Peronismo, con ayuda de Tato, encima, como lo propuso en 2005. Puede también que se haya equivocado, por lo que, a todo lo bueno que se le podría reconocer, en sus 3 años de mandato, habría que descontarle los horrores de esta decisión y el costo que tuvo para la provincia, como mínimo.

Sin embargo, ya con el trabajo sucio realizado, es decir la reforma con reelección, Ricardo profundizo su sistema electoral para hacerse de dos mandatos consecutivos.

Llevó al extremo el principio Maquiavélico del “Divide y reinarás” y atomizo en partículas elementales a las fuerzas políticas de la provincia, que pasaron a ser más de 30, que replican cartas orgánicas, fichas de afiliación y candidatos impresos en las boletas, distinguiéndose en los nombres de sus jefes, presidentes o dueños, que son en definitiva los únicos que cobran por juntarle una centena de otros, que también cobran, pero no políticamente ni jugosamente, para hacerle el caldo gordo a Ricardo. Ya en la poltrona del poder, desactivo aquello del reparto político que tan acendrado, estaba en los tiempos del Pacto, saca, siempre cuando gana una elección la frase de que el “Estado no es un botín de guerra”, pero claro, él lo reparte a su diestra y siniestra, con la única, y excluyente, condición del mérito político, que se reduce a la acción de lealtad, obediencia y por sobre todo, silencio absoluto, proverbial y reverencial ante su perspectiva política.

Así se vino manejando el hombre más poderoso de la provincia, en sus dos últimos mandatos, profundizando lo realizado previamente y narrado más arriba, timando aún más al peronismo para entronizarlo como furgón de cola de sus propuestas electorales, sin más poder que el de poner, cada 4 años, un petimetre distinto que toque la campanita de una de las cámaras legislativas.

Sin embargo, el cambio, esa palabra que será toda una bisagra para Ricardo, se le impuso, positivamente porque al final del día electoral, lo apoyo, al actual Presidente, pero que terminó de sepultar sus más inconfesables deseos de forzar una reforma y volver a ser gobernador o al menos candidato.

Sin tiempo para el duelo político, sobre todo para un hombre a quién le cuesta y mucho, casi problemáticamente, mostrar sus emociones, ya asumió que no será él quien vuelva a figurar en una lista como el candidato al principal cargo; inmediatamente miro a su alrededor,  es decir entre sus correligionarios, y si bien, puede ver, al menos un par de tipos formados, que no la descoserían pero tampoco harían un mal papel, la interna que se abra a partir de la ruptura del clima de armonía, sin que se logre un “primus inter pares”, sería fatal para él en lo personal, como para su espacio político en lo general.

Sabe que dentro del microclima político, al único que respeto, y por tanto le dispenso tal trato en lo público, como en lo privado, es al actual Presidente de la Cámara, que como sí le faltara un guiño del destino, pese a no haber apoyado a Macri en la elección (lo cual no deja de ser una ventaja porque el ingeniero prefiere seducir, es decir anexionar a quiénes no lo acompañaron en esta) no sólo que posee diálogo con él, sino que provienen de una matriz ideológica común, que es ni más ni menos que el liberalismo moderno o modificado con desarrollismo.

Para gobernar Corrientes, o al menos pretenderlo, se precisan de ciertas características (cierto segmento de edad, ámbitos de desempeño, trayectoria política) que están estrictamente relacionadas con las exigencias de una cultura que nos puede o no gustar, pero que para ser gobernada precisa de estos requerimientos, esta es una de las explicaciones, del fracaso de tantos artistas, músicos y deportistas, que si bien alcanzan bancas, cuando van por el premio mayor, indefectiblemente, pierden.

Perucho largamente cumple los requisitos, es sin duda, después de Ricardo, el hombre con más poder y más respetado dentro de Eco, puede profundizar su sintonía, propia, con el Presidente, y en un escenario, de una primaria provincial, en donde los radicales vayan divididos en dos candidaturas como mínimo, hacerse del respaldo del resto de los partidos de la Alianza Eco y una vez ganada la interna, lograr lo que ningún radical podría, es decir que lo voten los correntinos, que cada vez serán más, que están cansados de casi dos décadas de gobierno radical.

Todo esto y mejor que nadie lo sabe Ricardo, probablemente ya esté actuando en consecuencia.

 

 

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