ANÁLISIS  5 de noviembre de 2015

Preguntas que valen la pena.

Ante el tiempo de descuento para el balotaje, y las preguntas imbricadas por el régimen demencial que tiene sede central en el puerto y que produce en serie, a sus entenados del interior (tanto geográfico, como al exterior de su círculo de poder), infrahumanos que repiten hasta el vómito, consignas vanas, dudas ampulosas como insípidas, cartelería barata y enajenada, pintado tanto de azul como de amarillo, escudados en las máscaras de ciertos prohombres e historias obsedidas, que atropellan, casi vejatoriamente, expectativas e ilusiones, que podrían ser románticas y respetables, si no esperaran respuestas, certidumbres, ni contraprestaciones, sino que simplemente se despertaran en esa conciencia, no tan vana, bajo ese principio, cuál apotegma, de que alguna vez los corderos se conviertan en leones.

¿No valdría acaso, un solo día de libertad, a cambio de tus meses y años tristes, detrás de ese escritorio de madera barata, donde con vergüenza y pánico, imaginas secretamente una vida diferente, cuando los gritos del obeso de tu jefe, que con sus neuronas obturadas por la saturación de las grasas, te destrata cotidianamente, humillándote por costumbre?

 

 

 

¿No cambiarías, toda tu lamentable jornada, plagada de biscochos húmedos que toleran los gritos, quejas, y pensamientos absurdos, y la ordinariez de los comentarios sexuales, atiborrados de  frases de cuarta y recurrentes a la figura fálica, por unos minutos de paz cerebral, donde ni las deudas, ni los compromisos, ni las obligaciones, repriman tus deseos más profundos?.

 

¿No dejarías escapar ese pájaro en mano, que vale un poquito más que la canasta familiar, y que te sentencia a lamer incansablemente esas botas, nacaradas de opulencia e injusticia, por tener la oportunidad de al menos, mirar pasar, el vuelo libertario de blancas palomas que surquen una tarde de abril?.

 

¿Por qué esperas, que las parcas disfrazadas de accidente, de muerte natural o de enfermedad terminal, te lleven a la profundidad del tártaro, sin siquiera haber nadado por las olas, frescas y refulgentes, de un manantial azulado que te permita respirar oxígeno y pureza?

 

¿Por qué te conformas, con estar debajo del árbol, a la sombra del suceso, aguardando con la espalda gacha, el lazo que te hunda aún mas en el estiércol, sí puedes escalar infinitamente, a cualquier atalaya, donde la mirada se te nuble ante tanta altura, allí donde las cimas cortan las nubes y detienen el viento?

 

¿Por qué confías en que la suerte, cambiara la modorra y el desagradable transcurrir de tu fétida rutina, sí a la vuelta de tu barrio, en la esquina de tu pueblo, en el centro de tu ciudad, en el corazón de tu país, en el infinito de la comunicación, tu grito, tu reclamo, tu necesidad, tus ganas, pueden tener un eco mucho más aceptado y certero, que la endebles e incertidumbre de un giro pernicioso del destino?-

 

¿Quién te ha metido en la cabeza, que sólo los poderosos, los que mandan, los que tienen, con algunos billetes, son capaces de despojarte de todo, sin siquiera la posibilidad de dejarte ser, o de pensar, que límite es una palabra escrita, para ser corrida, una y otra vez, por el pulso de tu corazón, por la fantasía de una imagen, y por la realidad de una convicción, que está dentro tuyo, presta para ganarse terreno, allí donde la quieras poner?

 

¿Cuántas preguntas más te tengo que hacer, cuántas horas más permanecerás en la alcoba, creyendo que desde la almohada te surcará la felicidad, cuantos minutos más dilapidarás, manejándote como un autómata, escuchando a los mismos de siempre que te dicen querer, y en vez de apoyarte, te tiran a menos?

 

¿Cuántas palabras más,  frases que suenan lindo, mensajes que llegan por vaya uno a saber que vía, seguirás recibiendo, y que por la causalidad, que te la quieren presentar como casualidad, expresan lo mismo, que venís sintiendo desde hace tiempo, para romper esas cadenas de humo, con el simple hálito de tu espíritu, que clama y muere, por ese soplido libertario que no te terminas de animar a lanzar?

 

 

¿A cuántas causas más, ridículas, paranoicas y grandilocuentes, le prestarás tu energía, aquellas que te inventan demonios de carne inalcanzables, y te presentan escenarios de guerra intergalácticas, mientras la carroña de tu carne, se te pudre lentamente, dejando pasar tu verdadero menester, el que te implora un tiempo para tu orden, tu conexión con tu esencia más querida y cercana, que pese a estar dentro, te la muestran tan lejana y distante?

 

COMPARTIR:


Notas Relacionadas

Comentarios

Aun no hay comentarios, sé el primero en escribir uno!

Escribir un comentario »