ANÁLISIS  8 de septiembre de 2015

El falso profeta, Aylan Kurdi en un cielo sin sol.

Jacques preguntó a su amo si no había advertido que, por grande que fuera la miseria de la gente pobre, sin tener pan para ellos, todos tenían perro… De donde concluyó que todo hombre quería mandar a otro; y que al hallarse el animal en la sociedad inmediatamente debajo de la clase de los últimos ciudadanos mandado por todas las demás clases, aquéllos tomaban a un animal para poder mandar también a alguien… Cada cual tiene su perro. El ministro es el perro del rey, el primer funcionario es el perro del ministro… Denis Diderot. Carlos A. Coria García.

El caso de Aylan Kurdi el pequeño sirio que fotografiado ahogado en una imagen como si fuera desechado puso a prueba la humanidad misma en cuanto tal, por fuera de su estado de salvación permanente que refugia el último estado de permanencia mundana esperanzadas en un más allá o un cielo eterno que podría no llegar nunca, en esa expectativa soportamos cualquier cosa por ejemplo; Aylan Kurdi acariciado por las olas.

Desde la antigüedad se conoce la existencia del inconsciente, resulta que simplemente lo llamaban destino. Se podría poner a prueba el interrogante ¿Quién es el inconsciente? Los dioses. En el universo cósmico cristiano es Dios. Es lo que piensa en lugar del hombre, es lo que se es porque él quiere que seamos. Es imposible que un algo sea puesto a prueba si jamás se ha dudado sobre ello.

Las guerras santas son el fiel ejemplo de la falta de fundamentos a un ataque fatal a otros seres humanos, escudarse en una verdad revelada divulgada por exegetas que nadie sabe que tienen en sus cabezas, que divulgan algo que tal vez nunca existió o que nunca quiso decir lo que ellos dicen que dice, nos lleva de cabeza a la autodestrucción en nombre de ese “algo”.

Freud estaba seguro en el progreso de la razón, pero también pensaba que el hombre estaba habitado por un irracional oscuro, por sus pulsiones, sus pasiones, el deseo de autodestruirse.  El siglo XIX cree en el progreso de la razón pero también en la existencia de fuerzas oscuras que lo impiden. Son las Luces en el sentido de Diderot, que era el filósofo al que Freud se sentía más cercano y el más materialista.

Los colapsos internos en la capacidad discursiva de producir la verdad también son un problema en términos legales, particularmente cuando la evidencia no logra alimentar el escáner referencial. Ganar una discusión depende de los propios recursos, sujetados solo por obra de una contingencia siempre vaporosa a cierta sustancia determinable. Dada la pérdida o el declive de realidad del referente, la amenaza de que nada sea real, hemos llegado a un punto, desde la refutación del Ser por parte de Gorgias, en el cual, a fuerza de operaciones paralógicas o tenacidad de imbécil, los argumentos más débiles derrotan a los más fuertes.

Llegar a un punto de partida para tener el valor de servirnos de nuestro propio entendimiento. Rechazar, así, las especulaciones de la religión, la fe ciega, y atacar las instituciones que mantienen maniatado al hombre, aunque tremenda empresa  siempre lleve al peligro de la cárcel, la censura y el exilio.

Al fin y al cabo no hay que imaginar a dios ni demasiado bueno ni demasiado malo, ya que toda esa superstición sobre las pasiones es más ofensiva para dios que el propio ateísmo, nos convertimos en soldados de la única certeza sobre la tierra, lo incierto. Cualquier artero ataque en nombre de una verdad revelada es un vacio en si mismo, que no puede sostenerse en pie más de lo que canta un gallo y termina de borrar de la faz de la tierra todo lo que no acude a su perversa finalidad.

Aylan Kurdi como Marcus Menti existen en todos los rincones del planeta, en Argentina sobran ejemplos idénticos en cuanto a su fin y cuanto a la génesis del suceso que se sintetiza a trazo grueso y tiene sus orígenes en la corrupción, en la captura política, en la pobreza, en la violación de derechos humanos, pero también en la desigualdad material más que formal, ya que la ley se levanta como un hecho simbólico para asegurar un atisbo de cordura pero que dista mucho de una mínima realización.

En el cuento “Rashomon, o la incerteza” el japonés Ryunosuké Akutagawa nos alerta sobre la manifestación de lo indefinido como modo de hurgar otras miradas antes de caer en picada: “…la antigua puerta puede ser vista como un espacio ambiguo que no delimita ya la frontera entre el adentro y el afuera, sino que se constituye como un tercer lugar que no pertenece ni a lo uno ni a lo otro. El Rashomon de la tradición no era parte del reino de los vivos, pero tampoco del de los muertos (…) Rashomon es un lugar donde lo único seguro es la indefinición”

 

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